Silvia la que llega con la noche

Como ya les conté, Julio Cortázar es un autor fascinante. Hoy les recomiendo este cuento que leí atraída porque lleva mi nombre como título. Siéntanse niños, abran su mente a las fantasías, a los amigos imaginarios, a los sueños, a las imágenes oníricas. Lean el cuento, y acá les dejo un pequeño análisis para conocer mejor al autor. Por Silvia Labornú, bibliotecaria 

Silvia un cuento fantástico

Este cuento pertenece a  la narrativa suprarrealista, porque a través de la intromisión de lo fantástico se produce una alteración de la realidad, y el lector no encuentra respuestas en el texto, se crea un campo de incertidumbre: ¿Silvia existe? ¿Fernando pudo volver a verla? ¿Por qué los demás adultos no pueden verla?

Según Todorov, lo fantástico es la vacilación que experimenta un ser que solo conoce las leyes naturales, ante un acontecimiento al parecer sobrenatural. La vacilación del lector es por lo tanto la primera condición de lo fantástico. Todorov sostiene que lo fantástico exige tres condiciones:

Es necesario que el texto obligue al lector a considerar el mundo de los personajes como un mundo de personas vivientes, y a vacilar entre una explicación natural y una explicación sobrenatural de los acontecimientos evocados.

Esta vacilación puede ser sentida también por un personaje; de este modo el papel del lector es confiado a un personaje y al mismo tiempo la vacilación se encuentra representada, se convierte en uno de los temas de la obra.

El lector debe adoptar cierta actitud ante el texto; negará tanto la interpretación alegórica como la interpretación poética.

CORTAZAR-CIELOS

Por lo tanto Silvia es un cuento fantástico porque cumple con estas tres condiciones: la historia se produce en un ambiente cotidiano, una comida entre compatriotas argentinos, los preparativos del asado, los niños jugando a los indios en un mundo aparte creado por ellos, y en ese mundo está Silvia. Silvia es la joven que los cuida, Fernando la ve y se siente atraído por ella: “Sentí que si alguna cosa deseaba saber en ese momento era Silvia, saberla de cerca y sin los prestigios del fuego, devolverla a una probable mediocridad de muchachita tímida o confirmar esa silueta demasiado hermosa y viva como para quedarse en mero espectáculo”, y más adelante: “el perfil de Silvia estaba como encendido por las brasas, el pelo le caía sobre un hombro, se deslizaba fundiéndose con la sombra de la cintura. Era tan hermosa”, pero los adultos la niegan: “-No les hagas caso -se cruzó Raúl-. Se ve que no tenés práctica, tomás demasiado en serio a los pibes. Hay que oírlos como quien oye llover, viejo, o es la locura.”

Silvia es el acontecimiento que produce la vacilación en el lector. ¿Existe o no existe? ¿Por qué Fernando la ve y los otros adultos no? La vacilación sobre la existencia real o no real de Silvia se presenta también en el personaje narrador Fernando: él la ve pero nunca puede interactuar con ella, sólo la conoce por intermedio de los chicos, en especial Graciela: “No sé si Silvia estaba desnuda, para mí era como un álamo de bronce y de sueño, creo que la vi desnuda aunque luego no, debí imaginarla por debajo de lo que llevaba puesto, la línea de las pantorrillas y los muslos la dibujaba de lado contra la colcha roja, seguí la suave curva de la grupa abandonada en el avance de una pierna, la sombra de la cintura hundida, los pequeños senos imperiosos y rubios. “Silvia”, pensé, incapaz de toda palabra, “Silvia, Silvia, pero entonces…”. La voz de Graciela restalló a través de dos puertas como si me gritara al oído: “¡Silvia, vení a buscarme”. Silvia abrió los ojos, se sentó en el borde de la cama; tenía la misma minifalda de la primera noche, una blusa escotada, sandalias negras. Pasó a mi lado sin mirarme y abrió la puerta.” Y por último el lector debe hacer una elección entre varios modos y niveles de lectura.

En una entrevista, al hablar de su relación con lo lúdico, Cortázar expresa: “…El juego, como lo juegan los niños o como trato de jugarlo yo como escritor, corresponde a un arquetipo, viene desde muy adentro, del inconsciente colectivo, de la memoria de la especie. Yo creo que el juego es la forma desacralizada de todo lo que para la humanidad esencial son ceremonias sagradas.” Los niños juegan separados de los adultos y surge el nombre de Silvia como una aparición, visible sólo para Fernando, el artista visionario que ve lo que otros no ven. Una amiga invisible inventada por los niños, cuya realidad defienden y los adultos aceptan como fantasía y locura que los tiene hartos. Y Fernando, “la víctima nata” cae en la red. [1] Silvia es lo fantástico en este cuento, Silvia llega junto con la noche, nunca aparece de día; Fernando la ve de lejos, entre el humo del asado.

Julio

En Silvia, Cortázar a través del narrador Fernando revaloriza el juego de los niños, en contraste con la actitud peyorativa de los adultos hacia la capacidad de imaginación de Lolita, Graciela, Álvaro y Renaud. Los nombres de los personajes conllevan un significado que tiene mucho peso en la historia: Lilia Dapaz Strout en “Otra vuelta de tuerca Silvia como enigma y Gólem de palabras” expresa:

Silvia comparte la simbología asociada con el bosque y la fertilidad, y el nombre evoca a la mítica virgen vestal (violada por Marte) Rhea Silvia, la Reina Silvia, diosa menor del bosque, madre de Rómulo y Remo, los mellizos amamantados por una loba. Renaud, nombre francés que incluye a regis, rey, en Reinaldo y significa zorro. Gracielita, asociado con Gracia, es el agente de la redención de Silvia, de la que forma parte en ese cuaternio con Lolita, Álvaro y Renaud.

Aunque Gracielita, Lolita y Silvia parecen entidades separadas, son variantes de un mismo arquetipo: la virgen, la doncella. Es la femme/enfant, la mujer niña de los surrealistas. Gracielita es intercesora entre Silvia y Fernando. Actúa como su ayudante, como un hada madrina. Es el personaje más complejo y activo. Desde que Fernando aparece, lo toma del cuello con sus manos llenas de barro y no lo larga hasta que le señala la presencia de Silvia. Al seguirla, Fernando empieza una nueva fase, se aparta de los intelectuales. Por él gacelita, asociada con el ciervo, se vincula a la luna, en la faz de Artemisa, la desmembradora.

La luna se menciona al final como solución de una adivinanza. Como las hadas, maneja hilos y le regala el mantel en punto cruz al final de la empresa a Fernando. La cruz es un símbolo de unión. Antes le había dado un pensamiento, gesto de amistad que combina afectos y el pensar y que sintetiza el resultado del proceso. Lolita (la prisionera de Bisonte Invencible, un monstruo, animal totémico, doble de Álvaro) su nombre viene de Dolores, una de las advocaciones de la Virgen María, la Virgen de los Dolores, que alude a su condición de Dolorosa, expresa el sufrimiento de la doncella cautiva, el alma. El diminutivo también se conecta con un famoso personaje, la pre-adolescente de la novela del mismo nombre, LOLITA de Vladimir Nabokok, publicada en Francia en 1955, que cuenta la historia de un hombre mayor, Humbert, que se enamora locamente de una niña de doce años. Para hacer un análisis exhaustivo del texto, debemos considerar los nombres de los personajes, porque la esencia de una persona está en el nombre. El autor les da mucha importancia, porque cada uno cualifica al personaje y sugiere un tema. Los epítetos, los sobrenombres, los juegos de palabras esconden una verdad que contribuye a delinear a cada participante y en especial a Fernando (“seguro y valiente en la paz”) a quien califican, y es el candidato a la iniciación en la que todos participan. Una vez realizada la iniciación, ocurre la separación, el alejamiento de todos, excepto Gracielita, que resume en su totalidad el principio femenino recuperado, con toda su capacidad de creatividad y sentimientos, verdadera hada que hasta sabe manejar los hilos (como Álvaro los del barrilete). Por eso le regala el mantel hecho por sí misma, en punto cruz que, asociada con el 4 es el símbolo de renacimiento y felicidad a los que se agregan todos los significados de la mesa.

El proceso que empezó con una comida en una mesa redonda termina con una alusión a la cruz y se insinúa la cuadratura del círculo. Los nombres son importantes porque proveen cualidades implícitas con un sólo golpe de magia. Hay un verdadero zoológico y varios se relacionan con animales: Raúl con el lobo por derivar de Rodolfo, y Renaud con el zorro, ambos animales iniciadores y el primero desmembrador, aunque asociado con la luz. Gracielita, la gacelita, con la gacela y el ciervo. Todos de un poderoso simbolismo. Liliane (que contrató a Silvia como niñera) la madre de Renaud (el rey y zorro) asociada con el lirio, alude a la pureza del alma que se ha librado de la sombra que la oscurecía, por eso actúa al final junto al simbólico Niño, Renaud, subiendo las escaleras rumbo al baño. Hemos usado Gutierre Tibon, Diccionario de nombres propios (México: Uteha, 1956), passim.

julio 2

El narrador es Fernando, un intelectual soltero, solo, que prefiere entrar al mundo de los niños en lugar de sostener conversaciones con los adultos. Es un narrador participativo, homodiegético o interno en grado máximo, dado que podemos identificar a Fernando con el mismo Cortázar es a su vez un narrador autodiegético:

Hay un testimonio del primer asado al que fue invitado el profesor de la Universidad de Poitiers, Alain Sicard, en el cuento Jean Borel, que asistió con su mujer, Liliane, y Renaud, su hijo de dos años, del que se ocupaba Silvia, quien cuidaba a los otros niños. Según Sicard, al día siguiente se encontró con Cortázar, quien le entregó unas cuartillas: Silvia. [2]Lo que significa que el asado en lo de Fernando, que culmina con la visión de Silvia, dormida en su cuarto, nunca ocurrió y fue sólo imaginado por el confundido narrador aunque un detalle sugiere la casa de Cortázar en Saignon: el cuadro de un amigo en una pared de la sala. El nombre del pintor es clave que señala el éxito de la búsqueda: Julio Silva.[3]

 Cortázar cree imprescindible el último precepto que dicta Quiroga en su Decálogo del buen cuentista: “Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”, así para Cortázar la noción de pequeño ambiente da una forma cerrada o esférica al cuento, él mismo encuentra una explicación de por qué escribe generalmente en primera persona:

“En ese momento, o más tarde, encontré una suerte de explicación por la vía contraria, sabiendo que cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo. Recordé que siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra. El signo de un gran cuento me lo da eso que podríamos llamar su autarquía, el hecho de que el relato se ha desprendido del autor como una pompa de jabón de la pipa de yeso. Aunque parezca paradójico, la narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la mis-ma cosa. Incluso cuando se habla de terceros, quien lo hace es parte de la acción, está en la burbuja y no en la pipa.”[4]

 El link del cuento Silvia de Julio Cortázar


[1] www.escribirte.com.ar/informes/27/otra-vuelta-de-tuerca-silvia-como-enigma-y-golem-de-palabras.htm

[2] Beatriz Berger, “Cortázar, mago de la palabra en: “Revista de Libros” de EL MERCURIO de Santiago de Chile, 13 de febrero de 2004. En la entrevista con Berger, Sicard cuenta que asistió con sus hijos pequeños al cuidado de una jovencita muy guapa. “Tras la fogata, Cortázar veía pasar su silueta que le parecía probablemente maravillosa pero no sabía quién era.” Cuando se volvieron a ver al día siguiente, ya había escrito el cuento inspirado en esta situación.

[3] www.escribirte.com.ar/informes/27/otra-vuelta-de-tuerca-silvia-como-enigma-y-golem-de-palabras.htm

[4] Cortázar, Julio: Del cuento breve y sus alrededores.


BIBLIOGRAFÍA

  • Cortázar, Julio: Julio Cortázar, dossier 2, El sentimiento de lo fantástico, Del cuento breve y sus alrededores
  • García Morales, Alfonso: Silvia de Julio Cortázar, la búsqueda de una realidad otra
  • Lilia Dapaz Strout ”Otra vuelta de tuerca” ”Silvia” como enigma y Gólem de palabras www.escribirte.com.ar/informes/27/otra-vuelta-de-tuerca-silvia-como-enigma-y-golem-de-palabras.htm
  • Todorov, Tzvetan, Introducción a la literatura fantástica, Paidós, Buenos Aires, 2009
  • wikipedia.com
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