Papeles en el viento

La cancha, los hijos, Independiente, el final de la vida, el descenso, la lucha por un lugar en las grandes ligas, los negocios, los fracasos, la familia, los resentimientos, la emoción. Y siempre, la amistad. Todo esto en 413 páginas editadas por Alfaguara. Por Silvia Labornú, bibliotecaria 

Papeles en el viento, en la foto de portada, una nena de espaldas, con dos colitas mal hechas, sentada en el piso, al lado de una pelota de futbol. El autor: Eduardo Sacheri, escritor argentino, ha publicado varios libros de cuentos y en 2005 la novela La pregunta de sus ojos, que fue llevada al cine exitosamente como El secreto de sus ojos.

Demos una hojeada al libro: los capítulos son breves, y muchos están escritos en diálogo (detalle que influye favorablemente en la velocidad de la lectura); otro detalle: entre los capítulos numerados alternan capítulos titulados. Avanzando en la lectura descubriremos su estructura: los capítulos numerados narran el presente de Fernando, Mauricio y el Ruso: tres hombres que han sufrido la muerte del cuarto amigo: el Mono, y los capítulos titulados cuentan el pasado de ellos, quién es el Mono, por qué tiene ese apodo, desde cuándo se conocen, y cuál es el fuerte motivo que los une ahora que el Mono se fue, y qué tiene que ver todo esto con la foto de la portada.

Ya sé que estoy enfermo. Pero no es lo único que estoy. Uno no está todo el tiempo con eso en la cabeza. O yo no estoy. No sé los demás. Pero yo no. No puedo estar dándome máquina veinticuatro horas al día. ¿O ustedes están todo el día pensando en lo mismo? Yo no, ni en pedo. No puedo estar todo el día meta y meta dándome manija con el cáncer, boludo. De si me dijeron esto, o me dijeron lo otro, de si los análisis me dieron mejor o me dieron para el orto, de si le doy bola al oncólogo o le doy bola al clínico, o le doy pelota al que me hizo la última tomografía y me recomendó lo que mierda sea. ¿No se dan cuenta? No puedo estar todo el día pensando en eso. Hace seis meses me dieron que tenía cáncer y que estaba al horno con papas. Bueno. Pero yo sigo vivo.”

¿Una amistad que ha nacido en la infancia, se puede sostener para toda la vida? Con los años cada uno toma distintos caminos según su suerte, ¿puede un docente cansado de intentar enseñar literatura, por un sueldo escaso continuar su amistad con un abogado de moral sospechosa, que maneja autos importados? Como toda literatura argentina que se precie de tal no puede faltar el sentido del humor.

-¿Sabés una cosa, Ruso?
-¿Qué?
-A veces no sé si sos un genio que tiene larguísimas lagunas de pelotudez o un pelotudo que tiene mínimos chispazos de genio.
-¿Y no existe la posibilidad de que sea un genio a secas?
Fernando sonríe, le dan ganas de abrazarlo, de decirle todo lo que lo quiere. Pero no tiene la menor intención de hacerlo.
-No, Ruso.
-Que feo que tengas esa opinión de mí.

Si Claudia Piñeiro nos muestra el pensamiento de la mentalidad femenina, Eduardo Sacheri hará su parte con el pensamiento masculino: ¿de qué hablan los hombres cuando se juntan a comer asado, tomar cerveza y fernet? ¿Qué ven en las mujeres además de un buen par de tetas? ¿Se ponen un poquito sentimentales a veces? ¿Se dicen, entre amigos, el cariño que se tienen?

“Cuando salen del cementerio se detienen un buen rato en la vereda, como si necesitasen orientarse, o decir qué hacer de allí en adelante. Fernando hecha un vistazo a los otros dos. Mauricio baja la mirada. El Ruso, en cambio, se la sostiene, y los ojos se le anegan de lágrimas. Es esto. La muerte del Mono es esto que está sucediendo”.

El Mono les brinda sus reflexiones cuando está llegando al límite de la vida. Fernando, el Ruso y Mauricio, con algunas diferencias, lucharán por concluir la misión del Mono en este mundo.
Como vimos en El secreto de sus ojos, para Sacheri el tema del fútbol aparece de fondo pero a la vez dándole unidad a la obra.

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