Nadie está hecho solo con lo propio

Gabriel Flores es de esas personas que sostienen, como una vela que no se desvanece nunca, una ardiente devoción. Algunos dicen que es un llamado, otros hablan de fantasmas, y están los que se atreven a imaginar que son voces que se meten en el cuerpo y resuenan tanto, que uno ya no puede desprenderse de ellas. Quizás este es el caso del actor que dejó su trabajo rutinario y se dejó llevar por las tablas.

“Desde chico siempre me llamó la atención el teatro.En realidad yo quería ser actor pero era muy introvertido, no era de los que se paran frente al espejo, creo que lo sentía”, afirma con una serenidad que se refleja en la sombra que le devuelve la pared.

¿Cuál considerás que fue tu momento de quiebre, que dijiste quiero hacer teatro?

Siempre agarraba el diario y veía los talleres que se dictaban pero lo primero que me fijaba era en los horarios, por el laburo.  En ese entonces yo trabajaba en un comercio ocho horas cortadas. Un día veo en el diario que se abría un taller de teatro en el ICCED (Instituto Científico Cultural El Diario de La República), y lo dictaba Oscar Di Sisto. Todo se dio, porque justo, era a las 22.00, un horario que yo podía. En ese tiempo era rarísimo un taller que se diera a esa hora. Entonces fui y ahí- refiriéndose al ICCED- estuve trabajando dos años.

Después me quedé sin trabajo, fue en la época del corralito, y la vida me fue llevando por caminos que tenían un denominador común: el teatro. Me formé profesionalmente, no solamente acá en San Luis, sino en Córdoba, Catamarca, Buenos Aires, en distintos talleres.

Recuerdo que en el CFA (Centro de Formación Artística) estuvimos dos años y el último año, cuándo nos estábamos por recibir, cerraron la carrera, así que quedamos como en el aire, pero nunca paré de hacer teatro, siempre una obra, como actor y después comencé a enseñar, que nunca me lo hubiera imaginado.

Me gusta porque es el teatro desde adentro. Es poder trasmitir lo que he aprendido desde la experiencia. Yo siempre digo que no doy mucha teoría, más allá quesí, me he alimentado, he ido a bibliotecas, he tenido docentes muy buenos, que casi todos están conformando grupos ahora en la provincia.Como Alejo Sosa que es el socio fundador del TEA (Teatro Estudio Arte), Iris Nancy Gómez, Gabriel Arias, Mariela Domínguez y Marcelo Digenaro.

Con estos artistas, en algunas oportunidades hemos sido compañeros arriba de las tablas y en la docencia, pero siempre en el teatro independiente.

Cuando empecé a enseñar no recibía ningún beneficio, era todo ad honorem. Puedo decir que me permitió vivir no económicamente, sino creativamente. Es algo que abre y expande ciertos horizontes, no es que te ponés una anteojera y ves a un solo lugar sino que ves todo un abanico de posibilidades y cosas.

Mi primera producción como docente fue en Concarán con la obra de Alejandro Casona “Los árboles mueren de pie” y después me fui al TEA.

Gabriel Flores uno de los integrantes del grupo del TEA.
Gabriel Flores uno de los integrantes del grupo del TEA.

¿Cuál fue la primera obra que dirigiste?

Me acercaron un texto de Alejandro Urdapilleta La Moribunda y me encantó. Lo empezamos a trabajar y resultó todo un éxito. Salimos en el provincial y elegidos para participar primero a nivel regional y después nacional, recuerdo que fuimos a Junín y luego fuimos invitados a México pero no pudimos ir por un tema de dinero.

Igual a mí me gusta actuar. Si bien en dirección ponés en escena la idea, trabajás con los actores, es más lindo cuando estás adentro y poder sentir los nervios del estrenoque se van cuando uno pisa el escenario.

En cambio como director, es otra cosa lo que se vive, estás mirando desde afuera pero te tragás todos los miedos y no podés canalizar o sacar la energía. Estás pendiente en cómo se desarrolla la obra, si sale bien o mal.

Gabriel le añade un capítulo más a su vida, empezó a cursar la carrera de Guión de Cine y Televisión en la Universidad de La punta (ULP). El actor dio sus primeros pasos en el mundo audiovisual como extra en varias películas que se rodaron en San Luis por la Ley de Cine y fue protagonista de Arbolito, una producción de la ULP y el Cofre.

“Yo no tengo un mundo, tengo un universo”

Uno no llega a aprender nunca, siempre estamos en un continuo aprendizaje. Eso es lo que ha enseñado el teatro. “En esta etapa de mi vida estoy aprendiendo a tener paciencia”, asegura entre risas Gabriel.

Entre silencios que forman una pausa breve, el actor confiesa que este año incursionó en la metafísica. “Me dejó llevar por diferentes aristas que me ofrece la vida”.

Quizás sean esas otras realidades que el teatro en particular nos convida a visitar. “Yo con mis personajes abro muchas puertas. Creo que alguien toma posesión de nosotros, se lo permitimos dándole nuestro instrumento que es el cuerpo y logramos lo que ese personaje quiere, vivir sin interferencias”.

A mí me pasó con un texto de las Sirvientas de Jean Genet y nosotros hicimos Espejos Cuerpos de Sombras yo hacía de la señora, era fuerte el trabajo, costó armarlo, después yo estuve un año sin querer ver las fotos. Porque en el trabajo yo entraba como una mujer, un personaje entre femenino y masculino, no se sabía lo que había. Ese personaje era muy oscuro.

Una vida resumida en un escenario.
Una vida resumida en un escenario.

Avizorando el futuro

El TEA, grupo de teatro al que pertenece Gabriel Flores, está en plena remodelación. “A fines de abril volvemos con la inauguración de la Sala Atalaya. Además yo estoy esperando el permiso de los herederos de Alejandro Urdapilleta, para una adaptación de Los fabricantes de tortas, entre otros proyectos”, adelanta Gabriel.

 

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