Mauricio López un alma progresista en tiempo de oscuridad

Hablar de su figura es hablar de solidaridad, de tolerancia, de empatía, de compromiso social, pero sobre todo de un alma pura que encontró en los principios cristianos la clave para el compromiso social.

Mauricio Amílcar López nació el 18 de Abril de 1919 en Bahía Blanca pero transitó su infancia en diferentes lugares del país, ya que  el trabajo de su papá así lo demandaba. Creció sin pertenecer a un lugar en particular y sufrió las consecuencias del continuo desarraigo como cualquier niño en la misma situación.  Sin embargo, con el paso del tiempo, ese desarraigo  lo ayudó a  convertirse en una persona sociable, adaptable, con una admirable capacidad para comprender lo diferente, para ponerse en el lugar del “otro”. Luego de deambular por distintas provincias quiso el destino que se radicara, junto a su familia, en Mendoza cuando era apenas un adolescente y desde ese momento se sintió para siempre un mendocino más. En esa provincia consolidó sus estudios y su personalidad, entabló lazos afectivos y  encontró los referentes que serían su guía en el camino que comenzaba a trazar.

Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNC y en 1946 se recibió de filósofo. Fue un alumno brillante, y no le llevó mucho tiempo llegar a ser profesor de la cátedra Introducción a la Filosofía, deslumbrando a los adolescentes que lo escuchaban, y definiendo un “ala progresista” en una Universidad que cada día más se teñía de derecha. En ese clima de tensiones, se organizó en Mendoza el “Primer Congreso Nacional de Filosofía” en 1949, del que Mauricio fue uno de los secretarios. La importancia de este hecho radica en que se trataron temas hasta entones silenciados, como el panorama de la crisis posterior a la guerra, afrontamiento de corrientes tradicionales y renovadoras, el Congreso fue sobre todo lugar de encuentro para muchos pensadores latinoamericanos que, presentes o representados, formulaban con énfasis los grandes temas que hacían al futuro de América Latina.

A pesar de ser hijo de padres protestantes, López participaba de un movimiento juvenil cristiano, organización que surgió con la idea de fomentar la unión entre todas las Iglesias, incluso con la ortodoxa, la rusa, la oriental y por supuesto la católica.  Aportó una manera distinta de entender la religión desde la filosofía, una idea demasiada osada para la época.

Tras una activa participación cultural y políticadentro y fuera del país, en febrero de 1972, Mauricio llega a San Luis para dictar los cursos de filosofía de las Escuelas de Psicología y Pedagogía.  Tan sólo un año después es nombrado Rector de la recién creada Universidad Nacional de San Luis. La tierra puntana es el teatro de una audaz propuesta pedagógica y renovación didáctica. Fue el primer rector de la UNSL, y supo ganarse ese lugar no sólo por sus ideas, un avanzado para esos tiempos, sino por ser una persona de bien, de valores incorruptibles, que contagió de aire de renovación y cambios, a todos los que lo rodeaban, tan solo con su presencia. Como muchos dicen fue el alma mater de la transformación.

Por su puesto que estos aires de cambio, de libertad, tuvieron su represalia. En marzo de 1976 fue retenido y desplazado de su cargo, según él mismo cuenta en una carta “hasta que el nuevo interventor de la Universidad se ponga en funciones” y regresó a su casa en Mendoza. En abril del mismo año, tras finalizar su arresto domiciliario,  sus amigos y colaboradores lo instan a dejar el país y por convicción y fidelidad a sus ideales no lo hace.

El 1 de enero de 1977 nueve hombres armados y con el rostro cubierto por medias lo secuestraron de su casa. El resto de la historia, tristemente lo conocemos. Mauricio López, fue una de las primeras víctimas que se cobró la dictadura militar. A 41 años de la etapa más oscura y dolorosa de nuestro país los argentinos seguimos esperando que se  aclarezcan las desapariciones de tan nefasta época.

Hoy 24 de Marzo conmemoramos y revindicamos la lucha de uno de los precursores de los Derechos Humanos, Mauricio López y también las de aquellas voces anónimas que no callaron y se atrevieron a soñar con un país mejor. Hoy hacemos memoria y aunamos nuestras voces en un eterno ¡NUNCA MÁS!

Nota: Romina Bavastro

Fotos: unidiversidad.com.ar

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