Lis Claverie, una mujer que transgrede los espacios y florece en las letras

Bien sabe ella, desde pequeña, que esa pasión recorrió un camino interminable. Así fue alimentando su mundo de ilusiones, de romances y de palabras hasta llenar un cántaro que desembocó en la escritura. Hoy, más allá de su vida como abogada y docente, presentó su libro: “UN ALMA PARA DOS”. Excelente crítica ha recibido de antemano.

Presentamos en una breve charla sus ideas y su florecimiento, en exclusivo para Anatomía.

-¿Te acordás del momento en que supiste que eras o serías escritora?

Aprendí a leer y escribir muy temprano de modo que, quizá por esa razón, desde la escuela primaria me gustó mucho la lectura y la escritura. En aquellos tiempos, era usual que la maestra de Lengua diera a sus alumnos, como tarea para la casa, un tema en base al cual se debía escribir una “redacción” ‒no sé cómo se le llamará ahora‒. Lo cierto es que esa tarea, en especial, me entusiasmaba bastante. Y no la hacía pensando en que mi redacción fuera elegida como la mejor, pero lo cierto es que casi siempre tenía suerte y quedaba primera o entre las primeras. En la escuela secundaria, esto se repitió y cuando llegó el momento de elegir una carrera universitaria me incliné por el periodismo. Soñaba con ser periodista, con participar de sucesos trascendentes para la vida de una comunidad y, luego, comunicarlos a través de la escritura. Sin embargo, mi madre tenía mucha influencia en mí y terminó convenciéndome de que era mejor optar por el Derecho. Sucede que mi paso de la escuela secundaria a la universidad coincidió con el cambio de la última dictadura militar por un gobierno democrático. Había una hermosa efervescencia en esos tiempos, pero ella tenía miedo de que me fuera a La Plata, que era el lugar preparado y elegido para estudiar periodismo. Así fue como terminé transformándome en abogada. Y ejercí la abogacía y la docencia universitaria durante muchos años. Todas esas profesiones, el periodismo, la abogacía y la docencia, tienen una base común: la comunicación. En el caso de la abogacía es, exclusivamente, comunicación escrita porque nuestro sistema judicial no es oral, salvo en el fuero penal y sólo en la etapa del juicio propiamente dicho. De manera que siempre escribí, aunque con una diferencia: en la Justicia los lectores son el abogado de la contraparte y el juez. Es cierto que el lenguaje jurídico tiene sus tecnicismos, pero hay escritos judiciales que son verdaderas piezas literarias. Además, requieren de mucho esmero y oficio, porque hay que persuadir a un juez y conquistar una decisión favorable. La escritura, ya como oficio literario exclusivo y excluyente, fue una elección de vida difícil y riesgosa ‒porque tuve que soltar mi “zona de confort” económico‒ que tomé hace siete años. Fue en ese momento en el que dije: “Quiero dedicarme a la escritura y a nada más”.

-¿Y la inspiración? ¿Es una o son inspiraciones diversas?

No hay una respuesta única para esta pregunta. Quizá, cada uno de mis textos habilitaría una respuesta diferente. Pero, en cualquier caso, la inspiración es como una epifanía, una aparición, un flash, un brochazo de pintura que pinta una idea matriz en el aire y que se diluye al instante. Tan pronto viene, como se va. Es fantasmagórica. Por eso, hay que correr a anotar la idea. Luego vendrán las horas y horas de escritura en soledad para darle forma. Por cierto, no todos tienes estas visitas fantasmagóricas: hay personas más creativas que otras, como hay horas del día que son más propicias para el “yo creador”, por ejemplo, las horas que van de la medianoche a la madrugada, en mi caso.

-¿Hay un libro preferido en tu vida?

No es uno sólo. Tengo una gran debilidad por los Evangelios y esto no tiene que ver con lo religioso, sino con la maestría sustancial y formal con que están escritas las parábolas. “Don Quijote de la Mancha” es una joya literaria universal que, a mí, me despierta mucha ternura y carcajadas. “Diario de un loco” de NicolaiGogol me fascina. “Pedro Páramo” y “El llano en llamas” del mexicano Juan Rulfo son de lectura obligatoria para todo el que intente el oficio de escribir ficción. En mi caso, además, me sirvió mucho para aprender a construir diálogos directos. Y de los nuestros, considero que Macedonio Fernández es el mejor.

Una muestra de lo que Lis escribe, extraído del libro “Un alma para dos”

NIÑO, INDIO Y MINERO

Y está Challco sepultado vivo, con su cuerpo ovillado y un cuenco improvisado con sus manos en el que ha atrapado y retenido un poco de aire sobre el segundo final, antes de la última palada de tierra que habrá de ocultar para siempre su rostro al sol, y todo porque quiere musitar una oración antes de partir. Muere en su ley: en las entrañas de la tierra, porque es un niño indio, evangelizado y minero. Y en la de su patrón, porque debe morir el salvaje que encuentre una veta y no la denuncie. ¿Y en la de la Corona? ¡A quién le importa! No va a venir el rey, ni el virrey a ver qué hacen en el Nuevo Mundo con las leyes del Viejo. Y musita Challco a la Virgen: “Que les sirva, Señora mía, todo el oro y la plata para tender un puente entre indios y blancos”. No menciona Challco a los negros traídos del África, no los imagina en ese puente de sus sueños, quizás porque ya habían muerto o habrían de morir de todos modos, toditos. Soportaban bien los calores del infierno: allá abajo, al fondo de los oscuros socavones. Pero cuando salían a la superficie del seco y gélido frío del altiplano caían como mosquitos. No guarda rencor a los blancos tan afiebrados por el oro y la plata que no escatimaron esfuerzos –porque así se lo había contado su abuelo– para hacerles cantar a todos los de la aldea de dónde sacaban esas piedras y filigranas brillantes con las que adornaban sus templos, lanzándose luego como bestias feroces a robar hasta el último de sus ornamentos. Muere sin saber que ochenta y tres años antes de la llegada del blanco, el oro y la plata del “SumajOrcko” ya habían sido descubiertos por los vasallos mandados por el inca Huayna Cápac para sumar adornos al Templo del Sol. Muere sin saber que es una mentira de los blancos que el inca y sus vasallos hayan abandonado aterrorizados el cerro cuando clavaron sus pedernales en los filones de plata y, tras un enorme estruendo, una voz quechua y cavernosa les haya dicho: “No es para ustedes. Dios ha reservado estas riquezas para los que vendrán de más allá”. Muere sin saber que el inca y sus vasallos huyeron porque el SumajOrcko reventó de todo el oro y la plata que tenía en sus entrañas y que la prueba del reventón fue el mismo nombre con el que fue rebautizado en quechua: “Potojsi”. Está a punto de morir sin saber que ha sido el redescubridor del SumajOrcko-Potojsi, que ahora será llamado por los blancos el “Cerro Rico” y que representará, cuando de su cuerpo de niño sólo queden los huesitos, la mayor de todas las riquezas del mundo colonial. Él sólo sabe que los encomenderos de la mina de plata de Porco se enteraron que en el SumajOrcko-Potojsi podía haber una buena veta de plata, que decidieron enviar a yanaconas huayradores a explorar, y que los mitayos elegidos fueron Diego Huallpa y él. Y que Diego Huallpa, para no resbalar, se agarró a una queñua, que la arrancó de raíz y que, cuando se sobrepuso, vieron destellos brillantes que opacaron el sol y enceguecieron sus ojos de tanta plata con la que estaban bañadas las raíces de la queñua. Y que ambos se juramentaron guardar el secreto, pero a los seis meses, Diego Huallpa, por miedo o por estar repleto de chicha o váyase a saber por qué, hizo público ese hallazgo contándole todo a su amo Juan de Villaroel. Y que a Diego Huallpa le perdonaron la vida, pero no a él, que acaba de recibir la última palada de tierra.

 ¿Cómo llegaste a la presentación de “Un alma para dos”?

Antes del evento en sí, la presentación significaba un tremendo peso para mí. Por eso demoró tres años, hasta que me decidí, gracias a buenos y generosos escritores amigos que me impulsaron a no dejarlo sin su “bautismo”. Sucede que me da mucho apuro molestar, ocupar el tiempo ajeno con mis asuntos.

-¿Por qué “Un alma para dos”?

Porque los entendidos que me han leído dicen que uno de los fuertes de mi escritura es la carnadura de mis personajes, es decir, parece que soy una escritora de interioridad espiritual, psicológica y filosófica si se quiere. Y yo creo que sí, que es así, porque empatizo, río y lloro, soy feliz o sufro con mis personajes. Pero ellos son de ficción, no tienen alma. Entonces, les comparto la mía.

¿Qué vamos a encontrar en tu libro?

Van a encontrar historias con personajes de carne, huesos y entrañas, que se mueven en un mundo real, en el marco de una prosa poética muy cuidada.

-¿Qué has obtenido de los personajes que escribís?

Amor, mucho amor. Sé que no existen, pero mi parte mágica, mi parte de niña, les da vida y los mantiene con vida. Además, me despiertan una parte protectora que es muy, muy potente en mí: mis personajes, en su gran mayoría, tienen alguna debilidad, alguna fragilidad. Espero no equivocarme y pasarlo por alto, pero creo que no tengo ningún héroe en mis textos.

-¿Están separadas Lis escritora, de Lis mujer, madre, esposa…?

Ojalá que no. Los entendidos dicen que todas nuestras partes deben funcionar como un conjunto armónico.

-¿Dónde estará Lis dentro de 20 años…?

Si me dieran a elegir, diría que sólo veo tres opciones y que las tres las pido en simultáneo, aunque no sepa cómo podría ser posible materializarlo: escribiendo y en un avión y con mis nietos, así, tal cual.  No hay un “o”.

Nota: MadyM.

Colaboración: Federico Menseguez.

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