Las palabras que nos nombran

 

 y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe

Alejandra Pizarnik

 

  • ¿Vos sos el Diego? ¿El Diego “choricero”?
  • Sí, ja ja ja…

El adjetivo choricero, ¿funciona cómo apellido? La pregunta apunta a que está intentando distinguir (quizás individualizar) a un sujeto que forma parte de un gran grupo: el grupo de los DIEGOS.

En la Edad Media los apellidos tuvieron su esplendor (siempre hablando del mundo occidental), en realidad fue cuando se con solidaron como marca de identidad. La lingüística clasifica algunos orígenes:

Patronímicos

Son los apellidos que tienen origen en el nombre paterno, por supuesto que podemos entender una tradición patriarcal y machista en esta práctica. Un nombre como Ruy o Rui dio como origen al apellido Ruiz. Pero en simultáneo a Rodríguez, que proviene de Rodrigo, el cual en su forma sufrió una apócope y se volvió Ruy o Rui.

En la actualidad hacemos un uso práctico de los patronímicos

  • Quién, ¿la Jimena?
  • Sí, la hija del Juan

O algunas variables

  • Lo arregló el hijo del Antonio…
  • Ahhh… ¿qué, es electricista?
  • Sí, trabajó siempre con él y aprendió.

Entendemos aquí que una persona supedita su identidad a ser el hijo de alguien y además le será difícil escapar si también heredó su trabajo.

Nombres de oficios

Los trabajos en la antigüedad se transformaban en una huella que mostraba cada familia, de hecho, es posible hacer una lectura marxista de aquellas particularidades: los sectores trabajadores no tenían derechos ni abolengo, entonces se identificaban con lo que su fuerza de trabajo les otorgaba. Por supuesto que con el paso (o la herencia) de una generación a otra, se hizo necesario sintetizar la pertenencia con alguna nómina.

Así teníamos que, a quienes se dedicaban a trabajar y moldear el hierro se los denominaba por su oficio (luego su apellido): herreros. Lo tenemos con claridad en Herrera, Ferreira, Ferreiro, Ferrer.

Reconozcamos otros. Quienes molían trigo, maíz o cereales eran los Molina, Molinero; los que repartían agua los Agüero; los cuidadores de ganado vacuno eran los Vaquero y los de conejos, Conejero. También el cortador del pelo y la barba nos otorgó Barbero, Barbera o Barberá;el que cocinaba las vasijas en barro se conoció en Fuentes o quienes labraban la tierra los Huerta. Hasta aquí algunos ejemplos.

¿Qué pasa en la actualidad? Seguimos usándolos de la misma manera, identificamos a las familias o los individuos por sus labores. Es normal escuchar:

  • Estuve con don Guzmán, el albañil. Trabaja con los hijos.
  • Sí, son todos albañiles.

Posiblemente hemos oído:

  • Se casó el Esteban…
  • Cuál, ¿el chacarero?

Hay un caso tristemente célebre en la Argentina del último tiempo. Un personaje interrumpió con su desagradable accionar un partido de Copa Libertadores entre Boca y River, al saber de su oficio, los medios de comunicación lo consagraron como El Panadero.

Y así, a diario, cientos. Identificamos al carnicero, al verdulero, al taxista, al celador, al médico, aunque por igual a los trabajos un poco menos honestos: el ladrón, el estafador son conocidos como El alfredo, el garca; o el prestamista.

Apellidos a partir de una cualidad corporal

Una variante muy extendida es la que se originó en las características físicas del grupo que los portaba. Entonces tenemos el apellido Calvo o Calvillo para las ausencias capilares; Moreno, Prieto, Pardo para las pieles marrones y Blanco, Rubio; Testa (literal en italiano) para los poseedores de una gran cabeza o, los de cabezasaplanadas, Mezzatesta. Rojas, Bermejo o Bermejillo para las pieles de pigmentación colorada. Delgado para los flaquitos y Gordillo, Graso para los más rellenitos.

Quizás en estás características es que basamos los apodos, pues su vigencia a nivel social es plena (recordemos que apodo es un nombre que se anexa con la finalidad de resaltar alguna característica).

Para su caminar:

  • Comimos un asado en lo del rengo.

Su cabellera:

  • Ah, fuimos con el pelado y el mecha.

O los ya archiconocidos: el Flaco, el Gordo (que en Chile tiene una acepción muy curiosa: el Guatón), el Petiso o el Enano, el Grandote, el Chascón. Si miramos sus pieles los llamaremos el Colo o el Negro. Algunas mujeres son La Rubia o la Ruluda según la particularidad; otra será la Bocona o quizás la Tetona.

Algunos lugares, su flora, su fauna y sus apellidos.

La toponimia refiere a los nombres de lugares, y aunque eso es una historia muy amplia, podemos dar alguna breve mirada. Los espacios y sus pertenencias naturales han originado denominaciones que se trasladaron a apellidos.

Pinedo a la abundancia de pinos; Montaño, Monte o Montes según sea su altura y clima, en el caso de una menor altura sobre el nivel del mar, Serrano o Sierra. A los lugares selváticos, Silva o Silvano, Arenas o Salinas según las características del suelo, cómo también Ríos o Arroyo.

Por supuesto que no hemos perdido ni un ápice de este ancestral hábito. Llamamos a nuestros pares que llegan de otro lugar, muchas veces, por el nombre de su terruño.

  • Se compró una moto el tucumano Daniel.

Es normal denominar a cualquiera que sea de otra provincia: el mendocino, el puntano, “el sanjua”. O en casos de cercanía, un poco más de especificidades:

  • El Cristian, el del puente del río…

A veces con detalles que comparten los hablantes, solo si son habitantes del lugar:

  • ¿Qué Liliana?
  • La de al lado de la bodega.

 ¿Por qué nominar o denominar a las personas?

Es necesario detenerse ante este fenómeno, porque cada asignación siempre tendrá una motivación ideológica. Señalamos en el otro eso que nos resulta llamativo, pero no por cariño, aunque así lo hagamos con el uso, sino que necesitamos descalificar al otro para quitarle su completitud, para sentirlo menos ante nuestra mirada evaluadora. En última instancia, nunca estamos seguros de nuestra integridad.

Nota: Federico Menseguez

More from Anatomia Urbana

“MI MEJOR OBRA”  EN LA UNSL

 Esta es una convocatoria que se hace en simultáneo en todo el...
Leer Más

Deja un comentario