La herencia militar, literaria y política de Borges respecto al otro.

 

David Viñas, quizás el mayor crítico literario argentino, quien, por supuesto, tuvo la mayor parte de su obra anclada en la política, sostenía que Perón no tuvo adversarios de renombre. El ensayista, unos años antes de morir, se aproximaba a las figuras de Jorge Luis Borges y Juan Domingo Perón como dos símbolos paralelos, quizás en algún punto emparentadas.

En una columna para un suplemento cultural, Viñas arriesga: Borges y Perón son dos burgueses. Dos grandes burgueses. Y si se quiere, los dos burgueses más célebres que haya producido Argentina. Sin dudas, el autor de Ficciones fue el único ciudadano de renombre, y reconocimiento público, que se opuso enérgicamente al movimiento político más identificado con los trabajadores.

 La ingenuidad posterior

Jorge Luis Borges, luego de la muerte de su padre, se presentaba como una persona apolítica, casi ingenuamente. Lo cierto es que sus declaraciones políticas, de circulación más bien periodística, han quedado reducidas a frases. A partir de ello, algunos han querido descalificar al poeta.

La verdadera formación y expresión política debe ser buscada en sus textos, trataré de tomar dos de los más representativos aquí.

Poema conjetural

El otro, el mismo (1964)

El doctor Francisco de Laprida, asesinado el día 22 de septiembre de 1829, por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir.

 

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

 

Un verso del poema dice: vencen los bárbaros, los gauchos vencen. Es una clara alusión a la sangrienta antinomia que atravesó el siglo XIX a las prístinas Provincias Unidas, todavía no se hablaba de Argentina. Borges se reconoce como antepasado de Laprida, un unitario.

Los versos que de anticipan el final, pensamientos de Laprida, nos acercan un íntimo pensamiento de Borges: pero me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto. Al fin me encuentro con mi destino sudamericano. El escritor en su primera etapa, en la de juventud, se apegó al criollismo. Sus antologías poéticas son una reivindicación del gaucho y los arrabales. Con la muerte de su padre y su pertenencia a la Revista Sur dió un giro estético, es desde entonces que comienza con sus escritos borgeanos. Se desarrolla también su conocido antiperonismo, lo cual lo lleva a escribir o declarar abiertamente contra la tiranía instaurada en el gobierno. Muy conocido es el texto que escribe con Bioy Casares bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecq con el título de “La Fiesta del Monstruo”.

El rechazo por el elemento POPULAR y democrático queda expuesto en un cuento de publicado en 1975.

 

El otro (FRAGMENTO)

El Libro de la Arena 

En lo que se refiere a la historia… Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterloo. Buenos Aires, hacía mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní.

 

Es imposible determinar si Borges era realmente tan escéptico como le gustaba darse a entender, pero en este cuento de madurez da una acabada nuestra de sus preferencias políticas. Equipara a Hitler con Perón al nombrarlos en el mismo párrafo, y dibuja a lo largo una figura muy propia de su literatura: la circularidad. Comprende que las guerras europeas son siempre una misma guerra, o que Napoleón y el líder del Tercer Reich son también accidentes históricos que siempre emergen de un lado o de otro de los antagonistas.

En un segundo momento del párrafo nombra exactamente al año 1946, momento de consagración total del peronismo. Entonces retorna hacia el pasado y retoma la noción cíclica. Genialmente desdibuja al presidente argentino de origen militar al presentarlo como una caricatura de Rosas, el político y gobernador de Buenos Aires durante la primera mitad del siglo XIX. Rápidamente sentencia que la provincia de Córdoba nos salvó, como antes lo hiciera Entre Ríos. Recordemos que Urquiza era entrerriano y Aramburu, el general que lideró el derrocamiento de Perón, era cordobés.

Borges, muy legítimamente (ya que no era historiador), entiende que la política y la historia argentina se construyen irresolublemente entre civilizados y bárbaros. Pero nos deja un resquicio por el que encontramos el cierre del círculo, si se quiere. Al final del Poema conjetural siente el júbilo de encontrar su destino latinoamericano, la intimidad del cuchillo le revela ese saber.

Por FEDERICO MENSEGUEZ

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