La extraña costumbre de vivir acelerado

Extensas jornadas laborales, horas de estudio, capacitaciones, idas y vueltas con los hijos, largas filas para comprar, para pagar y para realizar trámites, correr de un lado para el otro son actividades que forman parte de la rutina cotidiana de cualquier persona. Vivimos acelerados y eso se refleja en cada cosa que hacemos.

El tiempo pasa y a menudo no nos damos cuenta, muchas veces vivimos acelerados e instalados en la vertiginosidad, en la necesidad de hacer todo de forma inmediata como si no hubiera un mañana. Da la sensación de que la prisa es indicio de que una persona está ocupado, muy ocupado, y eso se interpreta como que es alguien exitoso. De repente, el ocio y tiempo libre se convirtió en algo mal visto, de un momento al otro ganó mala fama;estar desocupado produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso  muchas personas se reprochan ¿cómo puede ser que no esté haciendo ahora algo? Para este tipo de personas, el aburrimiento es algo desagradable, vacío y sin sentido. Por eso siguen corriendo aunque ni siquiera sepan hacia dónde. Es una mezcla rara que a veces hasta genera cierta culpa por no tener nada que hacer, y ese “nada” por lo general está asociado  con el trabajo. La mayoría de las personas no logra desconectarse, incluso continúa con el trabajo pendiente en sus casas, los límites entre trabajo y hogar ya no son claros, incluso cada día son más difusos.

Y este concepto de andar siempre a las corridas, de no tener tiempo para disfrutar del ocio, de estar sin hacer nada, se ve muy acentuado en las publicidades y en los medios de comunicación, donde generalmente relacionan el éxito con ese estilo de vida, donde el que más corre es el que gana, el más exitoso, el más interesante a la vista de los demás. Si bien, esta forma de vida acelerada afecta a ambos sexos, se intensifica en las mujeres con hijos menores de edad, y que intentan compatibilizar la vida familiar con el éxito profesional. Muchos profesionales de la salud lo nombran como el Síndrome de la Mujer Acelerada, que si bien es una patología de estrés tiene causas y manifestaciones distintas en cada persona, en el caso de las mujeres se asocia a la ‘prisa’ con la que se vive el día a día, con la lucha y las presiones internas y externas por cumplir con las demandas del trabajo y de la vida profesional sin descuidar de la familia, de las actividades de sus hijos y de todo lo que la casa demanda, y si a esto se le suma la angustia que genera dejar a los hijos llorando con la niñera, los abuelos (los que tienen esa suerte) o en guardería para ir a trabajar, se convierte en un cóctel explosivo que afecta profundamente a la mujer, aunque para los demás no sea perceptible a los ojos. Tratar de abarcar todo, cumplir con una apretada agenda y la sobreexigencia muchas veces autoimpuesta, son la razón de ser de este síndrome.

Lo más extraño es que quien lo sufre por lo general no se da cuenta, por eso es importante asumir esta condición, que en la mayoría de los casos se puede evitar o al menos disminuir. Si bien este término aún no es muy conocido en América Latina, el Síndrome de la Mujer Acelerada describe una realidad que caracteriza a la sociedad moderna. Vivir corriendo entre una tarea y otra parece ser un escenario cada vez más normal, pero la realidad es que no es sano naturalizar esta forma de vida, a veces ni siquiera los niños quedan exentos de esta locura. Y la razón, por la que más afecta a las mujeres tiene que ver con la eterna desigualdad  de género; las mujeres entran al mercado laboral en circunstancias en que son desvalorizadas por el hecho de ser mujeres y a esto se le suman las demandas de su rol tradicional que no ha sido abandonado. Constantemente  están tratando de conciliar estos dos mundos, viven muy sobrecargadas, la mente de la mujer no para; mientras organiza una reunión está pensando con quién están sus hijos o qué tiene que hacer después; esta es una tensión adicional constante que silenciosamente las va desgastando e inclusoexiste la posibilidad de enfermarse física y sicológicamente, romper relaciones de pareja o llegar a ser negligente con los hijos.

En un entorno que se mueve a gran velocidad y que nos lleva a sumarnos a ese ritmo, bajar las revoluciones no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Para poder contrarrestar este síntoma, los profesionales recomiendan reencontrarse con uno mismo, con lo que nos hace bien y nos recuerda que estamos vivos, que la vida no es una carrera para ver quien llega primero. Por eso, con pequeñas actividades como realizar alguna actividad que nos guste, practicar deporte o simplemente tomarse un tiempo para descansar y no hacer nada, es un buen comienzo para frenar este síndrome. La clave está en dejar de correr y tomarse un tiempo para  disfrutar de los buenos momentos que la vida nos regala.

Nota: Romina Bavastro

 

 

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