Ferias y ventas de garaje ¿tendencia o necesidad?

Las ferias o ventas de garaje se convirtieron en el último tiempo en una valiosa  alternativa para hacer frente a la crisis económica. Algunas concentran una gran cantidad de vendedores, otras se realizan en la tranquilidad de un garaje y hasta existen aquellas que se organizan con fines solidarios.

Como su nombre lo indica las ferias americanas o ventas de garajes son originarias de Estados Unidos, seguramente todos recuerden alguna película americana en la que salga una escena de venta de garaje, sin ir más lejos Los Simpson son un claro ejemplo de estas costumbres;  si bien los fines son diferentes, esta práctica llegó a la Argentina para convertirse en una entrada económica extra para muchas familias. El atractivo de las ferias se centra en que se pueden conseguir productos usados en buen estado y a precios accesibles, incluso también se ofrecen productos nuevos casi a precio de costo. Estos nuevos hábitos de compra y venta, por lo general se realizan en espacios en común, como  la plaza de un barrio, un explayado, un patio o simplemente en la vereda o el garage de quien organiza el encuentro. Son transacciones de tipo informal y muchas de ellas aparecieron con la crisis del 2001 bajo el modo de  “trueque”.

En San Luis, “El club del trueque” es una de las ferias características que se realiza hace años sobre la Avenida Lafinur, frente a la ex estación de trenes, que se extiende desde Tomás Jofré hasta Pedernera a lo largo de la avenida. Su inicio se remonta al año 2002 como consecuencia de la crisis económica y social del momento, surgió como una especie trueque donde se reunían varias personas para intercambiar productos sin la utilización de dinero. Sin embargo, con el correr del tiempo dejó de ser únicamente trueque y se comenzó a comercializar con dinero, lo que hizo que aumentara mucho más la concurrencia, de este modo cada fin de semana la Avenida Lafinur se llena de cientos de feriantes que ofrecen sus productos, que puede ser desde ropa usada o nueva hasta repuestos de vehículos. En la feria no existen puestos fijos, ni toldos que los proteja del sol, del viento o del frío, tampoco se cobra por ocupar un lugar para vender, sin embargo se cuenta con cierta organización y reglas que se respetan desde un principio, como por ejemplo que existen algunas zonas destinadas a aquellos vendedores que están desde el comienzo, lo que les da cierta autoridad ante los nuevos puesteros. Además hay cuestiones implícitas que quedan a la buena fe de los que negocian, por ejemplo la garantía de ciertos productos, en especial los electrónicos, si bien no hay una persona que controle o respalde esas ventas la mayoría de las veces no existen inconvenientes pareciera ser que toda persona que camina la feria sabe o mejor dicho acepta las reglas del juego, aunque en ocasiones esté poco claro el límite con la ilegalidad.

En la feria conviven personas de todas las clases, para muchos es un estilo de vida, un modo de subsistir, para otros se convirtió en una entrada extra de dinero y también están los vendedores ocasionales, entre ellos muchos estudiantes universitarios, que deciden vender algunas de sus pertenecías para juntar dinero para sus gastos personales. De una forma u otra todos tratan de buscar su beneficio dentro de la feria, en especial los consumidores, ya sea por una cuestión de ahorro o bien porque es la única alternativa que tienen para poder adquirir los productos que necesitan, por eso dentro del predio todos son iguales.

Si bien muchos viven esta forma de comercializar como un modo de vida, no hay que olvidar que las ferias surgieron como una forma de hacer frente a las necesidades, es el ámbito del trabajo informal e incluso de la ilegalidad. Sin embargo, hay cierto encanto  en el aire de la feria que hace que muchos se sientan atraídos por ella, por eso no sorprende ver familias enteras reunidas alrededor de la manta o tablones, mate de por medio disfrutando con sus vecinos, con los que están al lado; se generan vínculos propios por compartir un espacio en común, pero sobre todo por estar en la misma lucha, en el mismo negocio, donde el de al lado no se ve como competencia, sino como un compañero de viaje.

Nota: Romina Bavastro

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