El viajecito rítmico

Dos bandas subieron, este viernes, al escenario de la sala Berta Vidal de Battini para transportar a los presentes en un viaje por los confines de los sonidos. De la Bossa Nova, a la música francesa, hasta llegar a una parada casi ineludible en la ciudad del obelisco. Los primeros en abrir la noche fueron los músicos de Arianova, con todo el folclore brasilero. Después fue el turno de Nana e Nada, que impregnó el aire de su chanson con aires arrabaleros.

La función comenzó puntual. Los músicos de Arianova se acomodaron en sus lugares, tomaron sus instrumentos, y así sin esperar un minuto, se abalanzaron hacia el primer tema, “Desafinado”. “Detrás de cada músico hay un corazón que late”, reza la canción que escribió, Antonio Carlos Jobim.

Los artistas locales fueron interpretando cada pieza como si un hilo invisible los guiara. La voz suave, pero precisa de la cantante, que interpretó las melodías en portugués, fue adentrando al público por el corazón de Brasil.

Los músicos de Arianova.
Los músicos de Arianova.

No faltó el clásico de Chico Buarque, “Esa moza está diferente”, y algunas canciones de Joao Gilberto. La última parada llegó de la mano del tema, “Más que nada”. Y así los músicos de Arionova se despidieron de la tercera varieté del Picahueso.

A las 22.30 entraron, Myriam Henne Adda “Nana” (voz); Germán Tschudy (producción musical y guitarras); Katja Bürer (contrabajo); Pablo Droeven (teclado); y Pablo Belmès (batería y percusión), los integrantes de Nana e Nada.

“Volvemos de Brasil para llegar a otro lugar”, dijo Nana, quien dejó Francia hace diez años para radicarse en Buenos Aires. Quizás su música y la puesta en escena sea una forma de conjugar los dos lugares, una especie de síntesis necesaria para crear nuevos escenarios.

Con “La Foule” (El Gentío), un clásico interpretado por el gorrión de París, Edith Piaf, abrió el repertorio la banda. “Me encuentro a la ciudad festiva y delirante. Sofocada bajo el sol y la alegría. Y oigo en la música, los gritos y las risas que rebotan y estallan a mi alrededor”.

Nana interpretó los clásicos  franceses
Nana interpretó los clásicos franceses

Nana, con su peluca de risos negros, un vestido oscuro con algunas lentejuelas y un armazón, que le llegaba casi a los tobillos, comulgó de una manera precisa con el resto de los músicos y el escenario. Un cuadro surrealista con sonidos parisinos.

Las canciones se fueron transformando a medida que avanzaron. Se deslizaron del francés al español. Un híbrido que pintó toda la atmósfera. Algunas cambiaron el ritmo de una forma tan marcada que obligaron al público a seguirlas con aplausos.

Como un carrusel que no se detiene fueron pasando: Chimichurri y Je t’aime mon amour (Te quiero tanto mi amor), que se desprenden de “Volée”, el primer álbum de la banda; Je veux (Quiero) de Zas; Non, Je Ne Regrette Rien (No nada de nada), otro clásico de Piaf, y para el final la banda franco-argentina se reservó “Bombón Asesino”. La canción, que popularizaron Los Palmeras, tuvo en el final coros líricos que le imprimieron un sonido particular.

 

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