El Laberinto de Borges: historias de amistad y de amor desencontradas

Como si fuera un libro abierto, los senderos se van dibujando como páginas que invitan a quienes los recorren  a perderse y reencontrarse, una y otra vez, entre poesía, arbustos, historias y el aire característicos de los viñedos mendocinos. El Laberinto de Borges es un homenaje a su legado, pero también es el lugar donde convergen historias de amistad y de amor que no pudieron ser.

El Laberinto se encuentra en la Finca Los Álamos apocos kilómetros de San Rafael. Allí se construyó un laberinto de dos hectáreas, hecho con arbustos, que visto desde el aire forma, a modo de homenaje, el nombre de Jorge Luis Borges duplicado como en un espejo y con objetos que aluden a los símbolos del imaginario del escritor argentino: un reloj de arena, un bastón, los espejos, el tigre, un gran signo de interrogación. Los 12.000 arbustos que forman el recorrido, fueron plantados en 2003 a partir del diseño de RandollCoate,  amigo de Borges considerado el más importante creador de laberintos simbólicos en el mundo, quien se inspiró en el cuento “El jardín de senderos que se bifurcan”, que integra Ficciones. Este laberinto fue el primero que se realizó y hoy cuenta con réplicas más pequeñas en la localidad de Tigre  y otro en Venecia.

Más allá de la belleza del lugar en sí y de ser un atractivo turístico, su magia radica en las historias que fluyen en cada rincón de los jardines que rodean a la antigua casona, que sin dudas fue espacio de inspiración para Borges y otros escritores. Las tierrasdel paraje llamado hoy Cuadro Bombal, donde se encuentra la Finca Los Álamos, fueron compradas por Domingo Bombal, quien fue por varios años gobernador de Mendoza, en el año 1830. Fue construida como estancia de frontera fortificada contra los indios, es una de las más antiguas de Mendoza y se  adaptó a los cambios que impusieron las distintas épocas de la historia.Sin embargo fue su nieta, la escritora Susana Bombal quien transformó la finca en un lugar de encuentro, donde compartía tardes de té y de poesía con distintas figuras amantes de las letras. Por la vieja casona pasaron Jorge Luis Borges, Manuel Mújica Láinez, Raúl Soldi, Héctor Basaldua y otros amigos que dejaron recuerdos de su paso por la estancia: pinturas, manuscritos y versos inspirados en la finca y en su dueña.

El lugar tenía una magia especial para Borges, quien solía pasar veranos enteros con su madre y la compañía de Susana, su gran amiga y confidente. Y como lo reflejan sus escritos, en ese lugar nació una extraña amistad mezcla con un amor que pudo ser y no fue, sentimientos que se expresaron a través de correspondencias y escritos. Y aunque nunca admitieron más que una amistad, quienes conocieron al escritor cuentan que siempre llevaba a cada viaje una foto de ella. Mientras que ella guardaba entre sus tesoros más preciados, las cartas  y versos que Borges le mandaba. Tal como sucede en la mayoría de los casos, los viajes, la ausencia y las distancias inspiraron los mejores versos que un hombre puede dedicarle a una mujer “Alta en la tarde, altiva y alabada, cruza el casto jardín y está en la exacta luz del instante irreversible y puro que nos da este jardín y la alta imagen silenciosa.Está donde haya música, en el leve azul, en el hexámetro del griego, en nuestras soledades que la buscan, en el espejo de agua de la fuente, en el mármol de tiempo, en una espada, en la serenidad de una terraza que divisa ponientes y jardines. Y detrás de los mitos y las máscaras, el alma, que está sola”.

Entre los verdes senderos puede percibirse la esencia de sus almas, de sus versos, de amores que no fueron, de dudas, de sentimientos encontrados. Borgeanos o no tanto, vivimos nuestros días como si estuviéramos atrapados en un laberinto, casi a modo de juego cada uno busca un camino que sea un nuevo punto de partida para llegar  al lugar que tanto deseamos. Cada sendero, cada decisión que tomamos es una invitación a encontrarse con uno mismo.Cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. Todos los desenlaces ocurren y cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.

Nota: Romina Bavastro

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