Cuestión de género: la mujer y el mercado laboral

Probablemente más de una vez, hayamos escuchado que las mujeres nos quejamos de gusto, o que los reclamos por la igualdad en la actualidad no tienen sentido porque ya se ganaron muchos derechos, o  bien que se busca la igualdad cuando a una le conviene. Estas frases y muchas más forman parte del discurso social que intenta naturalizar o subestimar las desigualdades de género.

A lo largo de las últimas décadas se han producido cambios significativos en la dinámica socio-cultural y sobre todo en el mercado laboral, donde se nota una fuerte presencia femenina. Pero como suele decirse: no todo lo que brilla es oro, a pesar de que la mayoría de las mujeres trabajan y se especializan, incluso más que el hombre, la discriminación en el mundo laboral sigue existiendo. En relación a esto, en un informe que presentó el  INDEC se pudo entrever que las mujeres son las más afectadas por el desempleo o trabajo precarizado, también refleja una diferencia notable en la cifra de ocupación de puestos jerárquicos, en la provincia de San Luis el porcentaje de hombres que ocupan el rol de jefes es del 61,3 mientras que el de mujeres apenas llega al 38,7. Salvo en la parte estatal, donde es más común ver mujeres con cargos jerárquicos altos, en el ámbito privado es natural que a la hora de elegir un jefe siempre se consideren opciones masculinas. Otro de los aspectos, que genera controversia es la diferencia salarial, en nuestro país, las mujeres ganan en promedio un 27,2% menos que los varones. La brecha salarial ha disminuido relativamente poco en el empleo registrado y aumentó para el empleo no registrado, en el cual el porcentaje de mujeres en esas condiciones es mayor que el de varones, la mujer siempre tiene trabajos más precarizados y peor pagos. Aun realizando la misma función, el hombre suele cobrar más por ser considerado “sostén de la familia”, también hay muchos jefes que prefieren contratar hombres, ya que pareciera que están más sobrevalorados por su condición, además es una forma de asegurarse una asistencia cuasi perfecta. Bajo este pensamiento patriarcal, conviene tener un empleado hombre antes que una mujer, ya que no tienen que lidiar con licencias por embarazo, posparto, permisos por cuidado de hijos enfermos, padres y demás responsabilidades que parecieran ser exclusivamente del sexo femenino. Incluso el desequilibrio en la proporción del trabajo doméstico, limita la capacidad de las mujeres de incrementar sus horas de trabajo asalariado, formal y pago. Como resultado, en todo el mundo, las mujeres que representan menos del 40% del empleo total, trabajan menos horas y a tiempo parciales. Así, las mujeres condicionan su carrera profesional en pos de compatibilizar tareas del hogar, estudios, carrera profesional y vida laboral, mientras ellos sólo tienen que pensar en lo justo y necesario: ir a trabajar, total la mujer se encarga de los hijos y de las corridas cotidianas. Incluso las licencias reflejan este desequilibro entre los roles dentro del hogar, basta pensar en los días que se otorgan por nacimiento. En algunos países se avanzó mucho y se han conseguido licencias compartidas, siendo los países más igualitarios en la distribución de las labores del hogar los nórdicos: Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia.

La igualdad de género es un tema complejo y recurrente a la vez, es tan antiguo como actual, sin embargo de una manera u otra influye permanentemente en todos los aspectos de la vida cotidiana. La lucha es a diario, cada una la batalla en su casa, en el trabajo y en distintos ámbitos sociales, la lucha es incluso con una misma, contra la culpa por dejar a los hijos para salir a trabajar y por otro lado el incansable deseo de conservar la libertad, la independencia, la particularidad aun teniendo hijos y/o pareja. Es una lucha y un agotamiento constante, cansa tener que explicar que la mujer no trabaja solo para tener su platita y comprarse ropa, zapatos o carteras (como si fuera el sueño de todas las mujeres), o bien un pasatiempo para distraerse de la rutina, dando por sentado que la casa es nuestro ámbito exclusivo, cansa lidiar con mujeres machistas que intentan transmitir sus frustraciones camufladas de experiencias de vida, cansa tener que explicar que amar no significa ser la sombra de alguien, cansa querer hacer todo a la vez sin tener las fuerzas para hacerlo. Sin dudas que es agotador, pero a la vez es significante, si bien no debería ser necesario luchar por el lugar que nos corresponde es necesario desnaturalizar la cuestión de género, es necesario seguir luchando porque todavía queda mucho por conquistar. Hoy la desigualdad entre el hombre y la mujer requiere un abordaje integral que contemple la complejidad en que se desenvuelven las mujeres en la vida cotidiana.

Nota: Romina Bavastro

More from Anatomia Urbana

“MI MEJOR OBRA”  EN LA UNSL

 Esta es una convocatoria que se hace en simultáneo en todo el...
Leer Más

Deja un comentario