Cuando el chiste se convierte en cobardía

Cada vez que nos conectamos a alguna red social, generalmente, nos encontramos con una cantidad considerable de memes, gifs o virales que rápidamente ganan popularidad. Si bien se crean para replicar alguna información o hecho en particular, su interpretación y significado depende de la situación y la intención con las que se utilizan. Su usoes a veces es una cuestión de moda, en algunos casos  forma parte del lenguaje cotidiano de quien los crea, consume o reproduce, y en algunas ocasiones se convierten en una especie de castigo, burla e incluso emiten juicio de valor acerca de lo que se considera normal o anormal.

La influencia que tiene Internet, en especial las redes sociales, en la forma de relacionarse de las personas es tan fuerte que resulta casi imposible imaginar una vida sin ellos. Hoy es raro, por no decir imposible, que una persona no tenga internet, ni redes sociales, puede faltar cualquier cosa pero siempre habrá un poco de plata para un paquete de datos o para un equipo que enganche wi-fi. La realidad está atravesada por las nuevas tecnologías y resulta muy difícil escapar de ellas, pero es más difícil aún, dimensionar el alcance y los efectos que tienen cada palabra e imagen que se comparte. La exposición en las redes sociales es un tema que genera controversia, pero lejos de ser apocalíptico o integrado,es necesario tomar conciencia de la influencia que tiene Internet en la vida de las personas. Esa rara mezcla de conectividad, inmediatez, creatividad y libertad parece ser un cóctel irresistible, que seduce a jóvenes y no tanto. Basta  ver a un adolescente para comprender de lo que se habla.

Casi todo pasa de una forma u otra por las redes sociales,  que se han convertido en una clase depanóptico de la sociedad moderna; compartir la vida cotidiana por facebook, twitter, Instagram o whatsapp pareciera ser más que una moda un estilo de vida.  El límite entre lo público y privado cada vez es más difuso, y la intimidad ya no es un privilegio a conservar; volverse popular, famoso y tener cantidad de amigos es la clave del éxito para muchos y la Web ofrece la fórmula perfecta para lograrlo.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro y como suele pasar en estos casos, a veces el resultado no es el esperado, aparece el efecto rebote que es inevitable en un medio que no tiene control alguno. Los ejemplos pueden ser interminables, pero en los últimos días el video “hola soy Anto”, que rápidamente se convirtió en viral, abrió otra vez un debate que parece nunca acabar. Podría decirse muchas cosas, cabe un análisis desde diferentes perspectivas, pero si hay algo que no puede naturalizarse bajo ningún punto de vista es la agresión. Lo que para muchos es algo divertido, que dio lugar a una cantidad inexplicable de comentarios, memes, canciones y videos imitando algo supuestamente “gracioso”, se convirtió en un tormento para la víctima y su familia. Y utilizo la palabra víctima, porque pese a que ella subió el video a Facebook (en lo que muchos se escudan para no sentirse culpables) no existe motivo alguno para justificar las burlas y la violencia a la que fue sometida. Y como si no fuera suficiente haberse convertido en viral, algunos medios de comunicación no se quisieron quedar afuera e hicieron su aporte a la causa compartiendo el vídeo y sumando bromas al asunto, a las que también se acoplaron algunos mediáticos con mucho hambre de protagonismo y poco sentido común. Lo cierto es que una vez más, las redes sociales pusieron en el eje del debate las controversias que existen en cuanto a privacidad, límites y responsabilidad social en internet, pero sobre todo quedó demostrado la falta de empatía, de amor, de respeto y la ignorancia con la que figuras públicas se hicieron eco y aprovecharon la oportunidad para tener un like más en su historial, sin medir las consecuencias de sus actos.

Por suerte, a modo de consuelo para niño, lo efímero del medio hará que pronto se hable de otra cosa, aunque no borrará nunca el daño ocasionado, lo triste  es que cualquier persona del mundo puede ser la próxima víctima en convertirse en meme o en el viral del momento. Quizás, sea casi imposible evitarlo pero si puede frenarse, basta con pensar  un segundo antes de compartir un video o una imagen, que aunque parezca chistoso e inofensivo puede significar un infierno para el otro. Ayudemos  a viralizar, pero cosas que valgan la pena, que no lastimen ni ensucien al otro, desafiemos al sistema y recuperemos el poder en las redes sociales, pero las redes de antes, esas en las que los contactos y los amigos se hacían cara a cara, en la escuela, en el club o en la plaza del barrio.

 

Nota: Romina Bavastro

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