Camas insonorizadas

  • Esperame que necesito un cepillo de dientes, quizás acá tienen, en las otras no conseguí.

Subió al minibús y se sentó sola, contra una ventanilla. Miraba el teléfono sostenidamente, aunque por momentos, cuando cerraba los ojos, lo apoyaba en sus piernas mientras lo rodeaba con las manos, como cubriéndolo. 10 minutos duró la espera, subieron todos y la trafic comenzó a sortear autos buscando la ruta, el horario de la salida escolar adjetiva todo de las peores cosas.

  • Disculpame… disculpame…

(me parece que tengo que buscar entre las góndolas.Aparentemente esto es un auto servicio. ¿es muy de pueblo esperar a que te atiendan? ¿A dónde mierda están las cosas?)

El viaje dura cincuenta y cinco minutos. Veinte pantallas. Cada uno y cada una en sus cuatro pulgadas y media. “Mirá, ese es mi nieto” “cuántos años tiene” “tres, pero tiene altura de uno de cuatro”.

Treinta minutos y treinta grados. “Yo le digo que termine la secundaria, su hermano no terminó la secundaria y todos los años se queda sin trabajo”.

  • Discúlpame, es todo así, ¿o puedo pedir en el mostrador?

(al parecer soy el único imbécil que no sabe comprar en este ¿SUPERMERCADO? Hay mucha gente comprando no sé qué, estas tres rubias compran suplementos dietarios porque andan en bicicleta, ¡qué terrible! Parecen Les Triplettes de Belleville)

Bajan, el asfalto está calentándose otra vez. La lluvia no fue lo suficientemente intensa, hay dos cuadras de distancia y diez de columnas. Los trabajadores, los estudiantes. Las trabajadoras, las estudiantes.

Mira el teléfono mientras camina y se tropieza con ocho o nueve personas en el medio de la multitud. Un millón de fotografías son tomadas, la interminable serpiente humana ocupa incluso las veredas, el tiempo, la gravedad.

“Oíd mortales, el grito sagrado, libertad, libertad, libertad”“Y los libres del mundo responden al gran pueblo argentino salud”“O juremos con gloria morir.”Las voces en los altoparlantes retumban, se agitan las banderas. Los instantes son capturados hasta el hartazgo, entre los brazos y las risas publica breves videos, verifica mensajes que no tienen relevancia. Llora. Salió a las siete con cuarenta y cinco viendo el bolso con algunas remeras, dos pantalones.

(una góndola para salud bucal, una góndola para salud capilar, una góndola para salud dérmica, una góndola para salud muscular, una góndola para salud mental, una góndola).

  • En la casa de Paula… sí… el miércoles… el perro que tenía… parece que lo envenenaron… debe ser el socio del marido, eso dice ella.
  • Buenas tardes, ¿algo más?
  • Doscientos treinta y dos, ¿algo más? ¿Débito?
  • Buenas tardes…
  • ¿Tenés de los que venían con un estuche rectangular transparente?
  • Hace como ocho meses que no llegan, creo que se dejaron de fabricar. En el exhibidor del final hay unos…
  • No, dejá, me arregló.
  • ¿Solo esto?
  • Sí.

La desconcentración ofrece lugares vacíos y asientos, se respira con cierta liviandad mientras los motores y las bocinas toman nuevamente el control, todo es una deriva tácitamente controlada. “vamos que está la trafic a tres cuadras”. “apurensé que estoy mal estacionado” “¡por favor estoy en la parada de los colectivos!”.  Se sienta en el mismo lugar, espera impertérrita. Ya atravesando la ciudad, ya saliendo de la ciudad, ya en la autopista, ya en la enorme tierra desértica. Los teléfonos pierden señal, aunque el movimiento repetitivo de las manos se empeñe en revertir, por alguna supersticiosa causa, lo obvio.

  • Si no me lavo los dientes, me siento sucio todo… todo sucio, aunque me haya bañado.
  • ¿Te vas de viaje?
  • No, mi esposa me corrió… ¡bah! Me venía corriendo hace dos años, y anoche armé el bolso. Me olvidé el cepillo porque salí a las apuradas. Ni en pedo vuelvo a buscarlo.

Llegaron rápido, el tránsito a las 22:40 es mínimo (aún más en la doble vía). “bueno, colegas, muchísimas gracias”. Nadie espera. Camina otra vez diez cuadras, ahora sola. Nadie espera en su casa esta noche.

 

Autor del cuento: Federico Menseguez

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